La Asociación Internacional Teléfono de la Esperanza (ASITES) viene desarrollando desde hace años acciones concretas en este sentido, a través de los grupos de apoyos específicos y los grupos de formación y autoayuda. Siendo la Promoción una de las principales línea de actuación de la Asociación.
El Teléfono de la Esperanza no sólo atiende a las personas o familias que están en situación de crisis, sino que también dedica una gran parte de su trabajo a fomentar la calidad de vida emocional a nivel personal, familiar y de la sociedad en general. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la promoción de la salud emocional se entiende como “el proceso que permite a las personas incrementar su control sobre los determinantes de la salud y en consecuencia, mejorarla”
Desde este enfoque, y de forma complementaria
con el área de intervención en
crisis, el Teléfono de la Esperanza desarrolla muchas actividades
encaminadas a fomentar el desarrollo de los recursos personales, familiares
y sociales para fomentar la mejora de la calidad de vida emocional a las
personas interesadas en ello.
Las actividades que promueve el Teléfono de la Esperanza en esta área se
agrupan en torno a tres bloques principales:
1. Promoción de la salud emocional de la persona.
2. Promoción de la salud emocional familiar.
3. Promoción de la salud emocional en el medio social.
El Teléfono de la Esperanza realiza un abordaje integral de las situaciones de crisis en las que se pueden encontrar las personas. Se realiza una intervención inmediata sobre los problemas de salud mental y emocional, con diferentes recursos haciendo también hincapié en la importancia de la dimensión social de la relación de ayuda como medio para extender su eficacia al mayor número de posibles personas y en los ambientes más diversos.
Cada vez hay más personas que reconocen que tienen serios problemas para comunicarse con su pareja, con sus padres, con sus hermanos, con los hijos, con los compañeros de trabajo, etc. En realidad, la mayoría de las personas no se encuentran “incomunicadas” en sentido estricto, lo que sucede es que la comunicación profunda y auténtica va dando paso a otra, funcional, en la que el “peso” de los sentimientos es cada vez menor y donde apenas se escucha al otro. Y ésta es la clave del problema: comunicarse significa escuchar a la otra persona, no sólo es hablarle y contarle nuestras ideas. La escucha profunda y respetuosa es condición necesaria para mantener unas relaciones positivas y constructivas.
Todo esto puede verse en que cada año el Teléfono de la Esperanza celebra el 15 de noviembre como Día de la Escucha, con el que se pretende hacer una llamada de atención a los ciudadanos para que sean conscientes de que muchas personas de nuestro entorno se sienten solas y aisladas, y tienen una gran necesidad de ser escuchadas. Entre éstas, cabe señalar especialmente a los enfermos crónicos, los enfermos psíquicos, las personas mayores y los emigrantes, que se ven obligados a empezar su vida de cero para integrarse en nueva sociedad, cultura, lengua, etc.